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Artículos - Opinión
30.10.2009
Estados Unidos, inmigración y el golpe de Estado
Roberto Quesada
Adital

"Cuando los americanos (estadounidenses) saben que
tienen el poder para cambiar las cosas, es muy difícil detenerles",
Barack Obama, presidente de USA y Premio Nobel de la Paz.


Recién ejecutado el golpe de Estado-Militar en Honduras, dije en entrevista publicada por Clarín, TeleSur, Rebelión (y muchos medios más): "A veces pienso que lo del golpe de Estado en Honduras puede ser una especie de laboratorio, y dependiendo de los resultados de este pequeño gran país, se decidirá las acciones a tomar en otros países que estén pensando mucho en sus libertades. Habrá que ver. En ese caso el golpe de Estado no ha sido a Honduras sino a América Latina con endosado saludo al resto del mundo."

Continúo pensado en esa probabilidad laboratorista, pero ahora con el convencimiento de que en cualquier caso ha sido un experimento fallido. Ni golpistas internos ni asesores externos pudieron prevenir la fortaleza de la Resistencia hondureña. Palabra que no debe malinterpretarse: Resistencia es nada más sinónimo de Pueblo, a diferencia de que se trata de un pueblo despierto y decidido a defender sus derechos. No confundir Resistencia con Zelayistas. Zelayistas son los seguidores del presidente constitucional Manuel Zelaya Rosales, Resistencia incluye a Zelayistas pero es a la vez un movimiento nacional constitucionalista, que alberga a diferentes partidos políticos e ideológicos con un sólo objetivo: devolver a Honduras la institucionalidad, que pasa, indudablemente, con la restitución del presidente constitucional Manuel Zelaya. Tampoco intuyeron la condena mundial, por unanimidad, al golpe de Estado-Militar en Honduras.

En algunos sectores hondureños existe el temor de que los Estados Unidos esté más involucrado de lo que hasta ahora se sospecha en el golpe de Estado-Militar, y que todo este movimiento de funcionarios a territorio hondureño no sea sino parte de la pantomima para darle largas a la restitución y llegar así a las elecciones y luego buscar mecanismos para legitimarlas, burlando así la voluntad popular hondureña y a gran parte de la comunidad internacional.

Desde el mismo momento en que los Estados Unidos reconociera unas elecciones realizadas bajo un gobierno de facto, sin restitución del presidente constitucional Manuel Zelaya, inmediatamente se entiende el mensaje a lo ancho y largo de América Latina: "No se puede confiar en los Estados unidos, nos siguen viendo como su patio trasero y no como su par, continúa el doble rasero y por tanto no queda sino ponerse alertas porque cualquiera de los otros países puede ser el próximo". Partiendo de allí a América Latina no le queda sino prepararse para defenderse en bloque para futuros atentados a sus respectivas democracias y reformas.

Si los republicanos recalcitrantes están utilizando a Honduras como plataforma para enviarle un mensaje o debilitar al presidente Hugo Chávez, pues es un mensaje muy equivocado. Cabe pensar que utilizaron un país pequeño y pobre porque le temen enfrentar directamente a la Venezuela chavista, lo que sólo fortalece la Revolución Bolivariana, pues evidenciado (o no) el miedo no queda sino continuar reformando América Latina en beneficio de las grandes mayorías.

Pero si por otro lado, lo que pretende el ala radical republicana es desarticular las promesas de campaña de Barack Obama en cuanto a grandes transformaciones para favorecer a los estadounidenses de la clase media y a los más desposeídos, Honduras es el escenario propicio, pues de prevalecer el golpe de Estado-Militar, se etiquetaría a Obama con una palabra que es letal en los Estados Unidos "Un presidente blando"; "una administración blanda", y con ello Obama podría empezar a olvidarse de continuar el sueño que una vez tuvo uno de sus maestros, Martin Luther King.

Aquí podría sucederle a Barak Obama lo mismo que a David Dinkins, el primer y único alcalde afroamericano (1990 y 1993) que ha tenido la ciudad de Nueva York, que por su flaqueza sólo sirvió como mampara para decirle al mundo que en los Estados Unidos no existía discriminación, los republicanos le torcieron el brazo, es uno de los pocos alcaldes neoyorquinos que no ha sido reelecto y salió con más pena que gloria. Cuidado Obama, hay que aprender de las experiencias de otros.

Obama debe de entender que, de alguna manera, aunque no le guste a la izquierda, presidir los Estados Unidos es presidir parte del mundo, al menos así ha sido en cuanto América Latina, no sirve de nada lavarse las manos, excusarse, como cuando argumentó que son hipócritas quienes piden la intervención de los Estados Unidos en el caso de Honduras. La intervención ya está hecha, y descaradamente, sino que lo digan los tres congresistas republicanos Iliana Ros, y los Díaz-Balart que sin ningún pudor no sólo han cabildeado a favor del golpe de Estado-Militar en Washington sino que fueron capaces de visitar Honduras para respaldar a los golpistas. Además existen otros intervencionistas estadounidenses, cuyos nombres no vale la pena ni mencionar, que contribuyeron a preparar el golpe de Estado-Militar.

¿Qué pretende Obama, que los malos de la película estadounidense intervengan y que los buenos solamente se crucen de brazos a contemplar la barbarie amparados en que de hacerlo se les tildará de intervencionistas? No, en política, como todo en la vida, la determinación del líder crea la diferencia.

En todo esto existe algo más serio de lo que parece, la situación de la inmigración ilegal hacia los Estados Unidos. Obama lo sabe muy bien porque los inmigrantes están organizados a nivel nacional, la cantidad de organizaciones, iglesias, oficinas, que asesoran y ayudan gratuitamente a los inmigrantes es inmensa. Y la presión a que Obama cumpla su promesa de campaña ya empieza a hacerse sentir. Este tema no será fácil para la administración Obama, y puede ser peor de deteriorarse la situación en Latinoamérica, especialmente en Centroamérica y México.

De persistir el golpe de Estado-Militar en Honduras, es dar luz verde a la desestabilización del Hemisferio, pues el triunfalismo fascista se contagiaría de inmediato, entonces no habrá muros, murallas, infrarrojos, patrullas, perros, cámaras, etc., que logren detener a multitudes con necesidades básicas y amenazadas en sus países de origen, no queda sino arriesgarse a "visitar" los Estados Unidos a cualquier riesgo. Pues como bien dijo el poeta hondureño José Adán Castelar: "El hambre no tiene ley sino hambre".

Roberto Quesada

Escritor y diplomático hondureño en resistencia, director de Honduras-USA Resistencia
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