Martes, 02 de septiembre de 2014
Iglesias - Religiones
10.07.2009
Entrevista con Carlos Mesters, fundador del Centro Ecuménico de Estudios Bíblico
Adital

Biblista fundador del Centro Ecuménico de Estudios Bíblicos (CEBI), que en 2009 cumple 30 años de actividades, fray Carlos Mesters está en Fortaleza (CE) participando de la 9ª Edición del Curso de Verano en la Tierra del Sol, para hablar sobre el libro del Profeta Isaías. El evento, cuyo tema es “Jóvenes, constructores de una nueva realidad. ¿Es posible?”, comenzó el lunes 6 y continúa hasta el próximo día 18, con cerca de 250 participantes.

Conocido por sus estudios sobre la Biblia -estudió en Roma y en Jerusalén-, fray Mesters nació en Holanda en 1931, pero vive en Brasil desde hace sesenta años. Es profesor y desde 1973 trabaja en las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs), siempre utilizando la lectura de la Biblia. Aprovechando su paso por la capital cearense, Adital conversó con fray Mesters sobre la importancia de la lectura popular de la Biblia, entre otros temas. ¡Lea la entrevista!

ADITAL: ¿Cuál fue el camino y cuál es la intuición de fondo de la lectura popular de la Biblia?

Carlos Mesters – Las cosas ocurren y sólo entonces descubrimos lo que son. Yo creo que la lectura popular de la Biblia en Brasil comenzó, fundamentalmente, después del golpe militar de 1964. Las personas se conmovieron y ahí comenzaron a existir las comunidades. Mucha gente que había luchado en la vanguardia se dio cuenta que el método usado con el pueblo no fue suficientemente respetuoso y comenzó un trabajo mucho más de base para escuchar mejor al pueblo. El propio pueblo comienza a leer la Biblia antes que nosotros llegáramos y la lee como un  libro que es la propia vida.

Ellos no tienen ni dinero ni tiempo para estudiar libros sobre la Biblia, pero allá está su intuición de fondo, que después se explicita: es el método de Emaús (Lucas, c. 24, 13-35). Primero Jesús pregunta (a los dos discípulos): “¿De qué están hablando, cuál es el problema, por qué están tristes?” Entonces, es preciso escuchar primero, usar la Biblia no para dar clase, sino para iluminar el problema. Después para abrirnos los ojos y calentar el corazón, gracias a Dios. El tercer elemento es la dimensión comunitaria. Ellos invitan a Jesús a entrar, rezan juntos, comparten el pan, y ahí los ojos se abren y encuentran coraje para volver a Jerusalén donde se oponen, vivos, a las fuerzas de la muerte. Pero ellos superan la muerte porque resucitaron.

ADITAL – ¿Cómo se esparció este trabajo de lectura popular de la Biblia en América Latina y el Caribe? ¿Fue incluso más allá?

Carlos Mesters – También aquí las cosas van ocurriendo. En el Sur, en el Con (Centro de Orientación Misionera), el Padre Orestes Stragliotto, que ya falleció, tenía un  trabajo grande con mucha gente de América Latina pues era amigo del personal del CEBI. Mucha gente de otros países de América Latina participa de los cursos; viene gente también de otros países como Italia; muchos italianos llaman para que demos cursos de Biblia allá. También hay un centro bíblico en Argentina, un  grupo en Ecuador y otros que actúan dentro del FEBIC (Federación Bíblica Católica Internacional). Así, todos estos caminos fueron utilizados para divulgar la lectura popular de la Biblia. Y se fue esparciendo por otros países, ahora en África, en Europa, aquí y allá, también en los grupos de Asia, mas en el sentido de una actitud frente a la Biblia que como organización.

ADITAL – ¿Cuál es la relación de la lectura popular de la Biblia con las Comunidades Eclesiales de Base?

Carlos Mesters - Es de nacimiento. En un cierto sentido el CEBI nació antes de nacer porque el pueblo ya la leía, ya explicaba la Biblia en las comunidades. Así, en el fondo, esta lectura popular de la Biblia nace allá. El CEBI nace y existe para articular, profundizar y esparcir mejor esta lectura popular para que el libro, la Biblia que nació del pueblo, pueda volver a las manos del pueblo.

ADITAL – En el Curso de Verano, cuyo tema es ‘Jóvenes, constructores de una nueva realidad’ usted presenta la Sagrada Escritura. ¿Cuál es la receptividad de la Biblia entre los jóvenes?

Carlos Mesters – Pienso que si conseguimos colocar la Biblia en su contexto humano de origen funciona bien, y ahí la ciencia ayuda un poquito, porque el corazón del joven que busca está abierto. Sentimos mucha receptividad por parte de los jóvenes hacia este aspecto profundamente humano de la Biblia, sobre todo, cuando ellos descubren una respuesta a sus anhelos de justicia, fraternidad, igualdad y de bondad. La Biblia, si uno lo analiza y busca saber cómo es que surge el texto bíblico, vemos que late en sus corazones, los toma de la mano y van juntos afuera.

ADITAL – En las iglesias se está dando espacio a actitudes fundamentalistas: los cristianos se sienten más seguros, los mejores. ¿Ocurre lo mismo en el sector bíblico?

Carlos Mesters – Es un desafío muy grande, hoy el fundamentalismo toma la Biblia separada de la historia, del contexto, de la comunidad, como si fuese una piedra que cae del cielo y se aplica a la vida, sin mirar a la persona que la recibe, su contexto, su origen. Esto es peligroso porque, en el fondo, no respeta la Biblia, no respeta a la persona, no respeta al propio Dios y hace de Dios la solución para todo. Gracias a Dios, en nuestra iglesia católica, eso fue condenado por primera vez, en los comienzos de los años 90 por un decreto de la Pontificia Comisión Bíblica. El fundamentalismo es peligrosísimo y en el Sínodo que hubo en Roma el año pasado, una de las cosas sobre las que más se habló fue contra el fundamentalismo, porqué es peligroso desvincular la Biblia de las personas; se convierte en un tronco volador, suelto en el aire, cae en la cabeza y puede hasta matar.

ADITAL – En la Conferencia de Aparecida, en mayo de 2007, surgió una iglesia más esclarecida en su compromiso de caridad, en la elección preferencial por los pobres. En este momento, ¿cómo puede la Biblia sustentar este ‘nuevo tiempo’ del Espíritu en América Latina?

Carlos Mesters – No siempre hay naranjas en el naranjero, existen momentos en que uno busca frutas y no tiene. Parece que estamos, en este momento, en una bajante, también las CEBs, pero no morimos. Hace tiempo que tenemos que hacer una poda y profundizar las raíces. Hoy, sentimos en muchos lugares que el pueblo quiere continuar en las comunidades, a pesar de nosotros los sacerdotes. Sentimos que está comenzando una nueva floración; el pueblo descubre que en esta caminata queremos mejorar la sociedad, luchar contra la corrupción, reconstruir la relación humana desde la base.

Ellos sienten que la Biblia puede ayudar en eso y provocar una fuerza muy grande. Depende también de nosotros, exegetas, intérpretes, de explicar la Biblia no como si fuese una peluca encima de una cabeza calva, que por sí sola no puede hacer crecer de nuevo el cabello, sino como una cosa que viene de adentro, que nos hace sentir que lo que Dios pide de nosotros es rehacer la relación humana desde la base, procurar una nueva manera de convivir, percibir las injusticias que existen, ser capaz de desbaratar los engaños que los medios de comunicación meten en la cabeza del pueblo. Y darnos cuenta del engaño del consumismo: en eso la Biblia ayuda, sí. Yo realizo la siguiente comparación: es como cuando uno está en un cuarto y parece todo limpio. De repente entra un rayo de sol y entonces uno se da cuenta que el cuarto está lleno de polvo.

De la misma manera, la luz de Dios, cuando entra dentro de la comunidad, hace que se perciba lo que está equivocado y ahí es que nace la acción profética. Yo no se si estoy en lo cierto, pero siento que se está preparando Porto Velho (para fines de julio tendremos el 12º Intereclesial de la CEBs) y ahí puede ser el momento oportuno para hacer explotar este tiempo nuevo y poner en movimiento a los discípulos y misioneros de Jesuscristo para que en Él nuestros pueblos tengan vida, ya no más una pastoral de mantenimiento, sino una pastoral de misión. Esto dice [José] Comblin en un artículo suyo: este proceso de cambio debe comenzar y, dice él, es para los próximos 100 años. Me gustó eso porque un camión no toma las curvas cerradas, vuelca. La iglesia es un camión muy grande, pero tiene que entrar en la curva de la historia.

Traducción: Daniel Barrantes – barrantes.daniel@gmail.com

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